Resumen: |
¿Para qué abrirnos a la posibilidad de que la vida en el cielo pueda ser real? Sin duda, para facilitar la labor de los visitantes del cielo, y a la vez disminuir el dolor del duelo. ¿Para que más? Muy sencillo: en algún momento, seremos nosotros quienes emprendamos el viaje. Si tenemos un conocimiento más profundo e instrucciones claras para la travesía, nuestra transición al mundo espiritual será más fácil y directa.
La muerte no puede negarse, ocultarse ni deshacerse, es el evento inevitable por excelencia. Lo que sí podemos trasformar es la huella que deja en nosotros, si aprendemos a aceptarla, a hablar de ella abiertamente, a despojarnos del miedo y a entenderla como un paso más en el proceso de aprendizaje de nuestra alma. |