Resumen: |
Un perrito, atribulado por preguntas trascendentales que iba decantando pausadamente con una copa de buen vino, se quedó con una sin solución. Decidió entonces hacer la consulta al viejo sabio, un chivo de nobles barbas que plantaba sus patas sobre una gran roca. “Para responderte voy a contarte la historia de Selma, la oveja”, le dijo. “Érase una vez una oveja que todos los días, al amanecer, comía un poco de hierba. Luego enseñaba a los niños a hablar, ¡BEEE! Por las tardes hacía algo de ejercicio. Luego comía otro poco de hierba. Al anochecer platicaba un poco con la señora Meyer y, ya de noche, dormía profunda y plácidamente”.
Pero un buen día la entrevistaron y con micrófono en mano le preguntaron qué haría si tuviera más tiempo. |